La propuesta partía de una pregunta aparentemente sencilla: ¿de qué color es Valtorres?
Vecinos y vecinas fueron invitados a identificar un color que asociaran personalmente con el pueblo y a localizarlo en algún elemento concreto de su entorno: una fachada, una puerta, una planta, un árbol, un material, un rincón de una calle o cualquier otro detalle perteneciente a su experiencia cotidiana.

A partir de estas elecciones se realizó un recorrido colectivo por Valtorres, guiado por Laura Esporrín. El paseo convirtió el propio municipio en espacio de observación y conversación. Cada participante condujo al grupo hasta el lugar elegido, explicó su relación con ese color y compartió los recuerdos, percepciones o vínculos que justificaban su elección.
La experiencia trasladó posteriormente esa lectura cromática al terreno artístico. Durante un taller comunitario, antiguas cajas empleadas para el transporte de la fruta se convirtieron en soporte de creación. Los participantes trabajaron sobre ellas mediante diferentes técnicas, incorporando imágenes, colores y referencias recogidas durante el recorrido.
El uso de las cajas establece además una conexión directa con LOS FRUTOS DEL TIEMPO. Un objeto cotidiano asociado al trabajo agrícola deja temporalmente de transportar fruta para convertirse en recipiente de otras formas de cosecha: percepciones, recuerdos, afectos y maneras de mirar el lugar que se habita.


La propuesta partía de una pregunta aparentemente sencilla: ¿de qué color es Valtorres?
Vecinos y vecinas fueron invitados a identificar un color que asociaran personalmente con el pueblo y a localizarlo en algún elemento concreto de su entorno: una fachada, una puerta, una planta, un árbol, un material, un rincón de una calle o cualquier otro detalle perteneciente a su experiencia cotidiana.
A partir de estas elecciones se realizó un recorrido colectivo por Valtorres, guiado por Laura Esporrín. El paseo convirtió el propio municipio en espacio de observación y conversación. Cada participante condujo al grupo hasta el lugar elegido, explicó su relación con ese color y compartió los recuerdos, percepciones o vínculos que justificaban su elección.
La experiencia trasladó posteriormente esa lectura cromática al terreno artístico. Durante un taller comunitario, antiguas cajas empleadas para el transporte de la fruta se convirtieron en soporte de creación. Los participantes trabajaron sobre ellas mediante diferentes técnicas, incorporando imágenes, colores y referencias recogidas durante el recorrido.
El uso de las cajas establece además una conexión directa con LOS FRUTOS DEL TIEMPO. Un objeto cotidiano asociado al trabajo agrícola deja temporalmente de transportar fruta para convertirse en recipiente de otras formas de cosecha: percepciones, recuerdos, afectos y maneras de mirar el lugar que se habita.


